La organización –que cuenta con el apoyo de Fundación Acción Solidaria del Hogar de Cristo– acompaña a mujeres y hombres que han sufrido abuso y maltrato y no tienen recursos para pagar una terapia. Sus integrantes son tres orientadoras en relaciones humanas y familia que ofrecen gratuitamente un espacio de reparación.

Por Jacqueline Otey A.

Marcela Galaz Cáceres (52) es orientadora en relaciones humanas y familia, casada, madre de dos hijas, hace un año creó la Fundación Crysalida que cuenta con el apoyo de Fundación Acción Solidaria del Hogar de Cristo. La idea surgió de la necesidad de ayudar profesionalmente a quienes han sufrido abuso y desean reparar sus historias de vida, pero no tienen recursos para costear una terapia.

Con serena y pausada voz, comenta que ella conoce el tema y mientras estudiaba su carrera utilizó todos los espacios que tuvo para reparar el dolor que esa situación le causó. Por eso, con el tiempo, sintió que era necesario crear una entidad que ayudará a personas que requirieran acompañamiento emocional. “Pensé que en algún momento alguien hizo esto por mí y ahora yo lo puedo hacer por otros”, dice, emocionada.

Así fue como invitó a sus colegas Palina Friz y Marisol Campos a formar parte de Fundación Crysalida. “La idea la venía pensando desde el año 2017 y cuando se las propuse, ellas fueron sumando las suyas. Y, aunque somos distintas, coincidimos en que hay que facilitar estos procesos y hacerlos llegar a quienes no tienen recursos o no se dan cuenta que necesitan ser escuchadas. Nuestro expertise son las relaciones humanas. Acompañamos a las personas en sus vivencias dolorosas, trabajamos en un espacio totalmente confiable, sin juicios ni críticas”.

Marcela indica que la fundación se llama Crysalida por el proceso de transformación que tiene la oruga antes de transformarse en mariposa. “Cuando la persona entra en un buen proceso terapéutico, humanizante y nutricio, está encapullada, se encuentra en el dolor, sufrimiento o victimización. Y, poco a poco, se va descubriendo y reconociendo, tomando la responsabilidad de sus decisiones, actos, hasta asumir por dónde quiere transitar. Cuando termina esa etapa se vuelve ´mariposa´, y nosotras la acompañamos en ese proceso”.

Recalca el que todas las personas pueden sacar siempre la mejor versión de sí mismas. “La gente es bella, amorosa, sólo que hay que decírselo”.

Aunque la fundación ayuda a mujeres y hombres, tiene un enfoque de género y equidad. “Esta inclinación se debe al maltrato histórico del patriarcado, del machismo y del micromachismo que sufrimos a diario y desde siempre las mujeres. Damos acompañamiento a quienes han sido abusadas y maltratadas física o emocionalmente”, explica.

En el caso de Marcela, ella hace terapia breve centrada en la persona y señala que esto implica cuatro a seis sesiones, para evitar que se cree codependencia. “La única condición es que si la persona se compromete debe seguir hasta el final. Con las terapias de pareja a veces las sesiones se extienden un poco más”.

Actualmente, la fundación busca un lugar físico para poder trabajar. “Teníamos una oficina en el centro a la que íbamos los días viernes, pero debido a la contingencia, las personas no llegaban y comenzamos a atender en nuestras casas o en los domicilios de las personas que nos contactan. Sin embargo, para el próximo año esperamos contar con un espacio donde funcionar y hacer talleres gratuitos de temas como sexualidad y género, familia, parentalidad, adultocentrismo, entre otros”, concluye.

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